Además de los restaurantes de Pueblo Brugo y Hernandarias, se habían proyectado otros tres en Paraná, Diamante y Santa Elena que se quedaron en sus cimientos. Las familias de pescadores requieren ayuda concreta para seguir con el proyecto. Hay dos comedores de pescado que no solo funcionan bien, sino que crecen en cantidad de comensales y son visitados por turistas de Santa Fe y del interior entrerriano; hasta de Rosario los llaman cada fin de semana para pedir reservas. Desde el establecimiento que está ubicado en Pueblo Brugo hablaron de los avances, de las necesidades que tienen y de la ayuda que requieren para poder continuar.

Estos comedores fueron impulsados en su momento por el Ministerio de Producción de la Provincia y desde sus inicios fueron sostenidos por cooperativas de pescadores y sus familias. Se había anunciado años atrás que otros tres estaban prontos a abrir sus puertas: uno en Paraná, otro en Diamante y un tercero en Santa Elena. En principio quedaron en la nada y apenas lucen sus cimientos y movimientos de tierra.


Uno de los dos comedores que funcionan se llama Karú Pirá, en Pueblo Brugo. La cocinera es Edita Raquel Cardozo, y la mujer es una de las que sostiene el emprendimiento y da pelea por mantenerlo abierto.


“Trabajamos lo más que se puede”, dijo a UNO, y contó que tienen dos necesidades concretas: asfalto en toda una traza para que los días de lluvia el comedor pueda funcionar y tendido eléctrico para que la zona no sea tan oscura por las noches. “El asfalto está proyectado hasta el comedor y quedó a tres kilómetros. No lo siguieron más”, contó la mujer. Dijo que en la cooperativa arrancaron a trabajar hace cuatro años unas 25 personas, pero que hoy quedan solo 12 integrantes. “Es que los otros se han tenido que ir”, dijo, y explicó: “Hay semanas en que abrimos el viernes a la noche y hasta el domingo al mediodía, y como trabajadores a veces cobramos y a veces no. Abrimos igual porque tratamos de salir adelante”. Con lo que ganan, por lo general, les alcanza solo para pagar las boletas de luz, agua y gas. “No tenemos ayuda de nada”. Ante esa situación muchos de los integrantes de la cooperativa se tuvieron que ir a trabajar a otro lado a fin de poder mantener a sus familias y obtener un ingreso mayor.


“A pesar de que muchos tienen sus trabajos aparte, no queremos que esto se caiga porque es algo que está bueno para Pueblo Brugo y porque la gente que viene siempre se va conforme”, sostuvo Cardozo, y a juzgar por los comentarios que le dejan los comensales en las redes sociales, tiene toda la razón. No hay más que elogios por la atención, la calidad de los alimentos y los platos preparados, como también por la atención cordial que tanto caracteriza a los entrerrianos. “Como sea tenemos que seguir funcionando. Es que además es un emprendimiento muy hermoso”, sostuvo la mujer.


Varios de los integrantes de la cooperativa, como el marido de Cardozo, son pescadores y quienes proveen al comedor de la materia prima. “Pero es todo una lucha. Cuando el pescado viene bien tenemos todo y si no tiramos con lo que haya. El problema es que siempre estamos solos”, reafirmó como en un pedido de una ayuda que también trascienda a ese asfalto y al tendido eléctrico. Desde hace dos años, comentó Cardozo, la situación se puso más difícil, y agregó: “Levantamos el comedor día a día, hacemos lo que podemos. Hay gente que nos llama y nos anula las reservas cuando llueve porque no se puede llegar. Eso no nos beneficia, por eso necesitamos, por ejemplo el tramo de asfalto que falta”.


Con lo que ganan cada día que abren, además de pagar las boletas y los impuestos tratan de separase un porcentaje y por turno cobran unos 200 pesos cada uno cuando hay. Cada turno inicia de mañana, a las 9, pero no termina hasta que se vaya el último y a la noche inicia a las 18 con la misma modalidad.


El comedor de Pueblo Brugo abre los viernes a la noche, sábados al mediodía y la noche y domingos al mediodía. Cuando hay fines de semana largos, suman un día más.


Lo cierto es que cada fin de semana de sol el comedor se llena, muy parecido pasa en Hernandarias. Pero “en Hernandarias tiene más ayuda de la Municipalidad. Acá es una Junta de Gobierno y es más difícil. Necesitamos ayuda sí o sí”, volvió a decir Cardozo, casi como en una súplica para no tener que cerrar.


“Después, debería agradecer a la gente que viene, algunos llegan desde muy lejos a probar los platos que hacemos. Aprendimos a atender al turista y a lograr que este emprendimiento salga adelante”, remató por último la cocinera. 


Quedaron los espacios vacíos y sin obradores


En principio los otros comedores proyectados no avanzaron y al parecer será difícil que lleguen a buen puerto. Se trata del proyectado en Paraná, en Santa Elena y el de Diamante.


En Paraná primero se había empezado a levantar en un terreno en donde hubo inconvenientes. Estaba ubicado frente a la barranca del Parque Nuevo Humberto Cayetano Varisco. Luego se cambió de lugar en el mismo Parque y comenzó a levantarse detrás del mástil en un gran terreno. En esa zona hubo movimientos de tierra, se hicieron cimientos y pilares, pero más tarde quedó en la nada. De hecho ahora parece abandonado y ni siquiera está presente el obrador. 


En Diamante la situación es similar. Daniel Stamponi es el director de Obras Públicas de esa Municipalidad y contó a UNO que cuando asumieron en la comuna el lugar donde se iba a construir el comedor presentaba diferentes inconvenientes y personas intrusadas. La empresa que había salido licitada para la obra pidió soluciones y al poco tiempo las encontró. La obra dio inicio en febrero y marzo de 2016. “Hubo un avance de dos o tres mes y pararon. Ellos habían pedido un adelanto del 40% y luego dijeron que necesitaban otro adelanto para seguir hasta el 60%. La Municipalidad no puede hacer eso”, contó Stamponi, y agregó: “En realidad querían la plata porque no les alcanzaba para hacer la obra proyectada. La plata de 2015 se desvalorizó. Empezamos a tratar con Producción de la Provincia porque la obra tenía un monto fijo. La Provincia es la indicada para pagar. Producción recibió los fondos de Nación y de ahí pasaba a nosotros. No hubo autorización y la empresa se retiró. Les mandamos cartas documento, volvieron unos meses y se fueron de nuevo”.


Stamponi contó además: “Al ser un programa, desde Producción no tenían previsto una actualización de los montos y desde ese Ministerio no pudieron o no tramitaron un adicional para dejar conforme a la empresa. De todos modos, la empresa recibió un 41% del presupuesto, pero la obra no avanzó ni un 15% y hay una diferencia entre lo que cobraron y lo que hicieron”.


Al parecer, el comedor de Santa Elena corrió una suerte similar a los otros dos y con el cambio de autoridades el tema salió de la agenda política.




Fuente: UNO.