Fuentes policiales informaron sobre los resultados de procedimientos realizados en locales de la localidad de Seguí; según se supo, padre e hijo comercializaban no solo carne en forma clandestina, sino también en mal estado. En otro local contiguo a uno de sus negocios, que oficiaba como una zapatería, hallaron un equipo de refrigeración con algunos cortes cárnicos ya putrefactos, mezclados con cortes que estaban para la venta.

En detalle, los procedimientos fueron los siguientes:


En una zapatería que oficiaba como negocio clandestino de carne, se secuestraron 120 kilos de carne putrefacta y de dudosa procedencia. La constatación inicial sucedió como consecuencia de una tarea de inteligencia previa, dado que en un autoservicio de calle Independencia al 700, se sabía que se negociaba carne de origen incierto, la que se pretendía disimular dentro de un local continuo bajo otro rubro comercial. Fuentes policiales confirmaron que primero se inspeccionó el comercio legal donde, entre la mercadería que se tenía para su venta, no se encontró ninguna anormalidad ya que estaba todo ajustado a lo reglamentario.


Sin embargo, un brigadista que debía custodiar la seguridad externa y monitorear los movimientos del local con otra pantalla comercial, sintió un fuerte olor nauseabundo que provenía precisamente de ese local contiguo e investigado previamente, que a simple vista oficiaba como una zapatería.


Al establecerse que su dueño era el mismo carnicero, se descubrió que ocultaba en el lugar, cortes cárnicos dentro de una heladera, que ya estaban en total estado de putrefacción. Desde la fuerza ratificaron que se trató de “un negocio trucho” que comercializaba “carne clandestina en mal estado”.


Se decomisaron 80 kilos de carne vacuna y 40 kilos de carne porcina, que una vez retirados del lugar, fueron inmediatamente desnaturalizados por la potencial contaminación humana y ambiental.


Una carnicería comercializaba carne clandestina sin las condiciones correspondientes para su consumo. Posteriormente, los brigadistas se trasladaron a la carnicería ubicada en Sargento Cabral al 600, propiedad del hijo del primer infractor, al cual se le constó dentro de un freezer, dos costillares de cerdo equivalentes a 20 kilos, los que carecían de los sellos reglamentarios de una planta faenadora habilitada, como también del remito y/o factura que acreditara su legal procedencia. Prosiguiendo con la inspección dentro de una cámara de frío, se hallaron cortes cárnicos vacunos por un peso de 100 kilos cuyas condiciones organolépticas eran totalmente anormales a las exigidas por ley, al tener color y olor característico del alimento en condiciones no aptas para el consumo humano.


Los brigadistas procedieron al decomiso de 120 kilos de carne que debió ser desnaturalizada por razones lógicas de no poder ingeridas ni mucho menos comercializada.


Los procedimientos fueron realizados por personal de la Brigada Abigeato de Paraná dependiente de la Dirección Prevención de Delitos Rurales, tendiente al contralor de los negocios dedicados a la venta de cortes cárnicos.



Fuente: Once